CONFESIÓN

     

                  CONFESIÓN

PERDONAD mis ofensas, lavad en vuestras

manos limpias

mis heridas

clamad a todas horas el dolor de mi indiferencia

y tal vez logre encauzar de nuevo la esperanza.

 

Disculpad, con una sonrisa,

mi afán de elevarme a las estrellas

que cae en los abismos de rutina.

 

Perdonadme la necedad,

el tiempo perdido y enfadoso,

mi olvido inconsciente y ocupado,

lo vano de una palabra

que lava con la crítica la ofensa.

 

Sembrad vuestro dolor

en mis bancales,

y tal vez pueda ofreceros un pliego de descargos,

una flor, una sonrisa,

una llamada al amigo olvidado,

adornar la piedra que encontré en el camino,

la gota de agua en el sendero,

o tanto amanecer aún no estrenado.

 

“Al encuentro”

Rocío Oviedo y Pérez de Tudela

 

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