CRECER

 

           CRECER

 

SOLEDAD de una rama frente al viento,

viento del norte, nieva, profundo, en el alma.

 

Los sueños puestos a orear en la ventana,

y el gato negro que vino a destruirlos.

Manjar delicioso para la envidia,

la sombra del día entre la manos,

el sol de los ojos al nublado.

 

Aire, aire caliente,

si acaso se pudiera salvar la distancia

del tiempo,

tender la mano,

como un puente,

al pasado

y atravesar en la nube de tus brazos

el vacío.

 

La belleza eterna en lejanía,

inalcanzable…

Desterrada de las grandes ilusiones

en la rígida aridez de los deberes.

 

Tú eres la luz del espacio,

el latir de la vida en el germen del cosmos,

la explosión de caramelos felices

en las amargas noches del invierno.

 

Tú eres el brazo que me lanza al vacío

y me sostiene en el hilo dúctil de la muerte,

la gama de verdes que hace nacer la vida

la ilusión de una noche en vela,

la ráfaga de una llama ignota

que hace brotar la esperanza.

 

 

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