LA VOZ ETERNA

 

  LA VOZ ETERNA

 

VOZ de molde permanente

susurro en mi oído a media noche,

cuando los niños duermen en sus nubes encantadas

y las arenas del sueño cubren las estrellas.

 

Voz de arcilla, barro infinito

que escancia una palabra en el cerebro tullido,

que sosiega en rumor de ángel

las plumas del caído

y acaricia, con mano firme,

la llaga interna y dolorida.

 

Déjame seguir tu paso,

cobijar entre las alas que me diste

los ojos aterrados e inseguros;

ofrecer una sílaba rosada

a los solos,

un jazmín de mano abierta

al que solicita amparo

y acompañar, una tarde jubilosa,

la marcha –final y silenciosa– de los fuertes.

 

Tú que llevas la voz del niño

en Tu mirada,

y cubres con la dulzura del inocente

tanto ser imperfecto,

tanto dolor en los hombros

tanto amargo inconmovible,

tanto error cometido,

tanta soberbia en letra impresa.

 

 

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