LEYENDA DEL ACUEDUCTO (SEGOVIA)

Leyenda del Acueducto

Cuenta la leyenda que en una ocasión, hace ya muchos años, una muchacha que acarreaba un gran cántaro de agua hacia su casa exclamó: “Daría cualquier cosa porque el agua llegase sola a las puertas de la ciudad y así no tener que volver a recorrer este camino para buscarla”. Apenas pronunció estas palabras, se le apareció un refinado señor de edad indefinida y voz sibilina, preguntándole si de verdad estaba dispuesta a dar cualquier cosa para que se cumpliese su deseo. La muchacha, una vez repuesta de su impresión inicial, respondió que sí, efectivamente daría lo que fuese, y aceptó un pacto con el personaje, que no era otro que el mismo diablo: él dispondría del alma de la mujer si, antes de que cantara el gallo, el agua llegaba hasta la puerta de su casa. El caballero accedió, y tras estrechar la mano de la joven, desapareció.

Pero después, consciente de lo que había hecho, la joven rezó hasta la extenuación para evitar el presagio. Mientras tanto, una tormenta se había desatado y el demonio trabajaba a una velocidad asombrosa de un sitio a otro moviendo unos grandes bloques de piedra que apilaba formando los pilares de una estructura enorme. De pronto, el gallo cantó, pues el cielo había escuchado la plegaria de la joven y aquel día amaneció más temprano, de tal manera que el Diablo no pudo terminar su obra antes del plazo pactado por lo que debió retirarse sin el alma en prenda. La muchacha confesó su culpa ante los segovianos que, tras rociar con agua bendita los arcos, aceptaron felices el nuevo perfil de la ciudad.

SEGOVIA